AL ÁRBOL: PILAR DE NUESTRO ESPACIO HABITABLE
Publicada el 24709/85
En entregas precedentes acentuamos la necesidad imperativa de rescatar, reorganizar y revitalizar el vulnerable y deteriorado espacio de la calle mendocina, reciclando criterios sociales, funcionales, técnicos, económicos, ambientales y estéticos de sus singulares componentes y aplicando medidas de carácter preventivo y correctivo. La proposición desplegó consideraciones sobre realidades objetivas como la vereda, las acequias cribosas y colectoras de desagües, el contenedor vegetal y el nucleamiento subterráneo de servicios e instalaciones técnicas.
Las propuestas referidas a la planificación del espacio del arbolado público, del flujo ambiental como el de las construcciones y la imagen publicitaria se conformarán como resultado de la validez y reconocimiento social de una serie de indicadores científicos y principios técnicos y legales que sustenten y certifiquen la vigencia y viabilidad de los efectos benéficos y la utilidad que ofrecería la ingeniosa concepción de una sistematizada cobertura urbana de regulación y seguridad climática, cuya hipótesis de utilización funcional sólo podría efectivizarse en condiciones de plenitud fisiológica, control fitotécnico y el respeto de los hábitos biológicos de cada uno y de la integridad de sus componentes vegetales.
Como si hubieran queridoliberarse de la sujeción a un pasado indeseable, los mendocinos tienen escaso conocimiento de la epopeya civil desarrollada en nuestro territorio, a fines del siglo XIX y comienzos del presente. Contra las fuerzas de la pestilencia, la insalubridad y la enfermedad y donde la suerte, mostrándose especialmente insaciable con la vida de los niños producía estragos en su abatida población de casi 30 mil habitantes.
Con la firme voluntad de derrotarlas el gobierno de la provincia contrató en 1896 los servicios de un sabio de la talla del Dr. Emilio Coni, quien inmediatamente recomendó las operaciones de saneamiento que efectivizarían la regeneración higiénica del medio ajustadas a un planificado orden de prioridades.
Agua potable y aire puro en cantidad y calidad suficiente resultaron ser los objetivos apremiantes a conquistar, constituyendo los genuinos fundamentos higiénicos del responsable y creativo logro generado por las ciencias biológicas y la cultura progresista contemporánea. Así, se plasmó el modelo mendocino de un asentamiento humano, sobrepuesto a la inhóspita geografía árida, protegido y beneficiado por la cubertura de un sistematizado acondicionamiento ambiental, basado en la aplicación de las virtudes del árbol, el bosque urbano y otros recursos naturales.
Incluídas dentro de sus consideraciones sobre los árboles y la vegetación boscosa, por entonces el Dr. Emilio Coni manifestaba: "... contribuyen a mejorar sensiblemente la salubridad del clima, no sólo por la desinfección del suelo, sino por sus emanaciones resinosas y el oxígeno que producen: también equilibran la humedad atmosférica y la temperatura de la región, mitigando los calores sofocantes del verano y los fríos intensos del invierno". "Las plantaciones cooperan a disminuir los efectos de un calor seco e insufrible, que origina sofocaciones nocivas a la salud, por la excesiva rarefacción del medio ambiente y que, favorecido por la falta de corrientes de aire, provoca insolaciones en hombres y animales".
